JESUS Y MARINA

Buenos días!!
Y como cada viernes, "En tu DíaB", una emocionada novia nos cuenta su historia, sus preparativos, sus sensaciones y sentimientos...
Y hoy veremos como fue la boda de:
 

 Jesús y Marina
Marina escribe el blog "Tormenta de Arroz", porque... ¿en que boda no hay una tormenta de arroz?
 
Os invito a que lo ojeéis pinchando en el nombre del blog y si os gusta os quedéis a que Marina os siga contando historias tan bonitas como la de como convirtieron su boda en un musical (aquí)
 
Sin más os dejo con Marina... 
 
El día de nuestra boda, el pasado 1 de junio, comenzó tan soleado como mi ahora marido y yo habíamos deseado que fuera. Y es que las semanas anteriores en Madrid fueron de las más frías e inestables que recuerde para ser finales del mes de Mayo.

Podéis pensar que la lluvia no es el fin de una boda y tenéis razón, pero toda nuestra ceremonia y nuestro esfuerzo durante los 15 meses que tuvimos para prepararla, estuvieron demasiado enfocados a que tuviera lugar donde estaba prevista, en el exterior de la finca que habíamos contratado.

Cuando decidimos poner fecha a nuestra boda, la idea ya llevaba mucho tiempo rondando nuestras cabezas y teníamos claro que la organizaríamos bajo dos premisas:

Que fuera muy personal y basada en nuestros gustos y que su principal objetivo fuera que todos los invitados la disfrutaran al máximo.
Fueron muchos meses de manualidades, ahorro, vueltas a la cabeza, búsqueda de soluciones, ajuste de presupuestos… Que culminaron en el que sin duda será uno de los mejores días de nuestra vida.

Para nosotros el día comenzó como otro cualquiera, porque teníamos muy claro que la noche anterior queríamos dormir juntos en nuestra cama como habíamos hecho los últimos 6 años de nuestra vida.

Yo, Marina, me levanté a correr sin madrugar demasiado porque es mi mayor afición y me relaja un montón, mientras el novio se quedaba en casa con su madre y una pareja de amigos que venían de fuera y pasaron la noche en nuestro piso.
Como a media mañana los dos nos separamos: ellos se fueron hacia el Hotel Barceló Aranjuez (en el que pasaríamos la noche de la boda) con todos los bártulos para el novio y yo me fui a reunirme con mis padres para ir a por mi vestido de novia a la tienda de Aire Barcelona de la calle Conde de Aranda de Madrid.

Una vez estuvo listo el vestido también fuimos al hotel, en el que picamos algo prontito en una comida improvisada con unos 20 familiares y amigos que venían de diferentes provincias y países y ya estaban allí.

La ceremonia comenzaba a las 20 horas en la Finca
la Montaña, a unos 600 metros del hotel.


Yo me subí rápidamente a nuestra gigante Junior Suite (con un jacuzzi que nunca usamos) a ducharme porque a las 16 había quedado con Mar, de Belle Poupée, que fue la encargada de mi maquillaje y peinado (de cuyo resultado por cierto no pude quedar más contenta).


Durante el proceso de más de tres horas que costó todo aquello (hubiera jurado que sólo habían pasado como 1 y media), fueron pasando por allí mi cuñada M, mi madre, mi hermana N (que tuvo que volver a lavarse el pelo después de no hacerle ni puñetero caso en una peluquería cercana), mi amiga S y finalmente mi padre. Todo mientras los fotógrafos y videógrafos de Efecerosiete (David Naval, Yasmina Barbero, José Merchan e Irene Rubio) inmortalizaban el momento ya que mi hermano J, fotógrafo del estudio y encargado de nuestro pre y postboda, obviamente no podía ocuparse de ello.

Tengo que decir que estuve muy relajada hasta que vi que quedaba media hora y fui poseía por el típico demonio que hace que te enfades con tu madre (que está más nerviosa que tú) porque no se ha ido ya a la finca andando y va a llegar tarde. Cosas del directo.
Mi vestido fue el modelo Papiro de Aire Barcelona y como complementos llevaba una diadema de plumas de Mademoiselle Cupcake, unos pendientes de cristal de roca de Aristocrazy, zapatos de piel en color aguamarina hechos a medida en Tiffany y un ramo de hortensias preservado de Lunaria.

Mientras tanto el novio, mucho más relajado como es habitual en él, pasó la tarde echando unas partidas al FIFA con dos grandes amigos a los que invitó a la habitación (una diferente a la mía claro está) para vestirse, a la vez que disfrutaban de los mini botellines de Estrella Galicia que preparamos y a mí ni me dio tiempo a catar.
Su look consistió en un sencillo traje negro con camisa blanca y corbata estrecha y pañuelos negros, todo de Florentino, con zapatos negros de Martinelli y unos gemelos de oro blanco que le regalaron años atrás.

Mi ahora marido, Jesús, tiene un temple que ya lo querría yo, así que se fue con tiempo suficiente a la finca como para ir saludando a los invitados y relajar a todos los que no estaban tan panchos como él: su madre se había dejado el bolso en casa, su hermana llegó bastante ajustadilla de tiempo y por tanto muy nerviosa…



Y como si fuéramos ingleses, a las 20 horas exactamente mi padre y yo llegábamos a la finca a bordo del único coche que yo quería para ese día: mi Mini Cooper azul cielo.



El paseíto de 2 minutos en coche consistió en que yo no paraba de respirar como si me fuera a asfixiar, porque pocas veces he estado tan nerviosa en toda mi vida. En ese momento el novio ya había hecho su entrada triunfal hasta el cenador que presidía la ceremonia civil al ritmo de Here comes the sun de The Beatles.

Como la finca es preciosa y sus jardines están impecables siempre, optamos por no decorar el pasillo de sillas con más flores y elegimos pompones de papel en azul turquesa/aguamarina (he descubierto que cada uno llama a los colores como quiere) que fue el color de la boda, y que se completaban con un centro de flores en la mesa del oficiante y nuestras iniciales colgadas del cenador hechas con los mismos pompones de papel.

Cuando mi padre y yo llegamos, Alejandro, la persona que estuvo a cargo de nuestra boda en la finca y a quien le tenemos un gran cariño por su esfuerzo y dedicación desde que le conocemos, nos recibió e indicó el camino (que buena falta me hacía porque no hacía más que tropezarme con el vestido de lo nerviosa que estaba).
Mi canción de entrada fue There is a light that never goes out de The Smiths, que en este caso tocó en directo el grupo Charly & The Coconuts, a los que contratamos para ceremonia y cóctel.



Y es que nuestro punto diferente fue la ceremonia. Somos una pareja tirando a payasa y bastante poco amiga de las tradiciones o rituales, así que, además de reescribirle al pobre oficiante todos sus textos tipo para personalizarla completamente, sorprendimos a los invitados con dos momentos musicales que cortaban la ceremonia: las canciones en directo de Bienvenidos de Miguel Ríos y Dime que me quieres de Tequila, con las letras adaptadas y con coros y bailecito de varios de los invitados (atrezzo incluido).



Completamos la ceremonia con las lecturas de nuestras respectivas hermanas y de S y J, una pareja de amigos que son como de la familia para ambos. Esos fueron los momentos de las lagrimillas.

Luego a salir del altar a ritmo de Time of your life de Green Day.

Hicimos el posado en la zona del jardín de la finca donde fue la ceremonia, que es espectacular porque como he comentado está perfectamente cuidado, mientras los invitados se desplazaron a un jardín contiguo a disfrutar de la música de Charly & the Coconuts (con clásicos del pop-rock internacional y nacional) y el cóctel gastronómico.


Nosotros nos incorporamos al poquito porque no queríamos perdernos nada y entramos al cóctel con Don’t look back in anger de Oasis. Tengo que decir que los invitados me han ido comentando que el cóctel fue espectacular y la música… con deciros que parecía el baile en lugar del cóctel es suficiente. Fue un momentazo!!
  

Luego la cena, a la que entramos con la que sin duda es nuestra canción, la teníamos clarísima desde el principio: Años 80 de Los Piratas.
Brindamos con un botellín de Mahou (él) y una botella de sidra El Gaitero (yo), por razones que todo el que estaba allí comprendió perfectamente.


El sitting plan era un mapa de España diseñado por Albert Cordero de Efecerosiete, en el que aparecían en el mapa varias de nuestras playas favoritas y de cada una salía el listado de gente que tenía esa mesa asignada. Los
meseros eran marcos de metacrilato muy sencillos en los que un lado mostraba la foto y el nombre de la playa y por el otro lado había una foto de Jesús y mía haciendo el tonto y con una pizarra que incluía un mensaje adaptado a los invitados de cada mesa.

Ya en la cena, que se celebró en un salón precioso, todo estaba riquísimo, aunque ya estábamos llenos por el cóctel y los novios estuvimos visitando todas las mesas para intentar atender a nuestros amigos y familiares. Durante ese rato hubo varios momentos clave: los regalos a nuestros padres y hermanos, el regalo a mi abuela (la única que tenemos), el momento en que le regalé el ramo a mi amiga S y, sobre todo, el discurso que preparó mi hermano.

 
Como curiosidad decir que soy súper forofa del Deportivo
de la Coruña y mi marido y un amigo consiguieron que Fran, un jugador mítico y ya retirado, me firmara la camiseta que tengo con su nombre y me grabara un vídeo
felicitándome. Fue mi momento friki!!!



Como detalles para los invitados repartimos jabones artesanales (para ellas) y mermelada de fresa (para ellos), ¡Todo hecho en casa por la que escribe esto!
También preparamos unos completos kits de emergencia en los baños y como libro de firmas pusimos fotos nuestras con los distintos invitados para que nos las dedicaran y guardarlas como recuerdo.

Por último el baile fue una pasada, la mayor parte de nuestros invitados era gente joven (y los que no, lo parecían) e incluso la finca nos dejó alargar la boda como una hora más (y eso que la barra libre eran 5 horas).

Abrimos el baile con Summer Cat de Billie the Vision and the Dancers y luego yo lancé un ramo de chuches que cogió una amiga nuestra.




 Las fotos del photocall dieron buena muestra de lo bien que lo pasamos.



 Pusimos, además de las bebidas normales, ginebras Premium y una barra de coctelería que estaba fuera, justo junto a la entrada al salón. También hubo barra de chuches y recena con empanada y mini sándwiches.

En resumen, fue increíble, no creíamos que todo pudiera salir tan bien y tener esa sensación de que no cambiarías ese día por nada del mundo.

Mil gracias a todos los que nos acompañaron e hicieron que todo el esfuerzo tuviera el mejor de los resultados.

 Finca del enlace: Finca La Montaña
Noche de bodas: Hotel Barceló
Traje de la novia: Aire Barcelona

Maquillaje y peluquería: Belle Poupée
Diadema de la novia: Mademoiselle Cupcake
Joyería: Aristocrazy
Zapatos de la novia: Tiffany
Ramo de la novia: Lunaria
Zapatos del novio: Martinelli
Traje del novio: Florentino

Fotografía: Efecerosiete
Diseño grafico: Albert Cordero
¿Qué os a parecido esta divertida boda?
Muchísimas gracias a Marina por contar su historia, una boda divertida y llena de anécdotas.
Una novia que se levanta el día de la boda y se va a correr y un novio la mar de tranquilo jugando a la play, jeje.
Espero que os haya gustado y sobretodo que os sirva de inspiración para vuestro perfecto DíaB.
Besos,


6 comentarios:

  1. Una boda muy divertida! Me han encantado los detalles y sobre todo el photocall! Me gusta musta mucho tu blog!

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    1. Muchas gracias, la verdad que fue una boda preciosa!

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  2. Madre mía! Cuanto mas leo sobre la vida de Marina más me gusta!! Boda original y divertida donde las haya!!! Felicidades guapa!!

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Diandra Ruiz

    Pienso que no hay que vivir rápido sino intenso y yo lo estoy intentando ;)
    Soy feliz, extrovertida y maniática. Me gusta el color amarillo, las palomitas y las bodas. Si pudiera le daría la vuelta al mundo, pero no voy sola. Siempre comparto todo con mi marido.


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